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Un evento no se improvisa: cómo convertirlo en una herramienta de comunicación estratégica

Por Sonia Villalta de Belloso  ·  Directora, Más Comunicación El Salvador


Cuando trabajamos con empresas o marcas en el diseño de su estrategia de comunicación, uno de los momentos más reveladores es cuando llegamos a la pregunta: ¿cómo le damos visibilidad a este producto, servicio o posicionamiento? Casi siempre, la respuesta más poderosa que surge es la misma: crear un espacio propio, un evento. Y es que un evento bien ejecutado no es solo una reunión con comida y presentaciones en PowerPoint: es una declaración de presencia, una experiencia de marca y, si se hace bien, una plataforma de credibilidad que ningún anuncio puede replicar.


Pero llegar a ese evento ese momento en que los invitados se van hablando bien de lo que vivieron, en que los medios quieren cubrir lo que pasó, en que los generadores de contenido comparten orgánicamente requiere algo que muchas organizaciones subestiman: una logística de detalle, coordinada desde el primer día.


En este artículo quiero acompañarte por ese recorrido: el del evento como herramienta estratégica y el de todo lo que ocurre antes y durante para que funcione.


El evento en la estrategia: no es el fin, es el punto de exposición


En el proceso de planificación de una estrategia de comunicación, siempre hay un momento en el que es necesario crear un punto de exposición: una acción que concentre atención, que genere conversación y que permita que terceros hablen de tu marca o tu oferta de valor. Los medios convencionales, los medios digitales y los generadores de contenido necesitan un detonante. El evento creado por ti con una narrativa clara y una producción cuidada es ese detonante.


Esto es especialmente relevante para CEOs, gerentes de marketing y comunicación, y dueños de PYME que están construyendo posicionamiento. No siempre se tiene presupuesto para grandes campañas publicitarias, pero sí se puede diseñar un evento estratégico que genere el mismo o mayor impacto en términos de reputación y visibilidad.


La clave está en entender que el evento no es el objetivo final de la estrategia: es el vehículo. Lo que buscamos es que, a través de él, se amplifique un mensaje, se construya credibilidad y se activen relaciones clave. Con esa claridad, el diseño del evento y todo lo que lo rodea cobra una dimensión completamente diferente.

 

La experiencia comienza antes de llegar: el pre-evento


En Más Comunicación somos muy enfáticos en esto: la experiencia del invitado no empieza cuando cruza la puerta del evento, empieza desde el momento en que recibe la invitación. Ese primer contacto ya está comunicando el nivel de cuidado, la identidad de quien convoca y el valor que le asignas a quienes asistirán.


La producción previa de un evento contempla, al menos, los siguientes elementos:


✓     Definición del objetivo comunicacional del evento

✓     Identificación y segmentación del público invitado (internos, medios, aliados, clientes, generadores de contenido)

✓     Diseño y envío de invitación con identidad visual coherente a la marca

✓     Confirmación de asistencia y gestión de lista de invitados

✓     Selección y contratación del venue alineado al tipo de experiencia deseada

✓     Diseño del programa y agenda del evento (tiempos, transiciones, momentos clave)

✓     Producción audiovisual: presentaciones, video, ambientación sonora

✓     Definición del mensaje central y narrativa del evento

✓     Preparación de materiales y kits de prensa o contenido

✓     Coordinación con medios de comunicación y gestión de acreditaciones

✓     Protocolo de voceros: quién habla, qué dice y cómo lo dice

✓     Plan de contingencia: ¿qué pasa si algo falla?


Cada uno de estos puntos tiene implicaciones de tiempo, presupuesto y talento. Ignorar alguno no siempre significa que el evento fracasará, pero sí que dejará grietas visibles para quienes saben leer los detalles.


El día del evento: donde la estrategia se vuelve experiencia


El día del evento, la comunicación estratégica toma forma física. Todo lo que el invitado percibe la bienvenida que recibe, cómo está organizado el espacio, si hay alguien que lo atienda antes de que tenga que pedirlo, si la agenda fluye con naturalidad está hablando de tu marca sin que nadie pronuncie una sola palabra al respecto.


Los puntos de atención durante el evento incluyen:


✓     Recepción y registro de asistentes con calidez y eficiencia

✓     Señalización y ambientación del espacio acorde a la identidad visual

✓     Gestión del tiempo: que el programa se cumpla y las esperas sean mínimas

✓     Atención diferenciada a medios y generadores de contenido

✓     Momentos fotografiables y de contenido planificados (no dejarlo al azar)

✓     Gestión del equipo en sala: cada persona sabe cuál es su rol

✓     Cobertura en tiempo real para redes sociales (si aplica)

✓     Coordinación discreta de imprevistos sin afectar la percepción del invitado


Una de las cosas que más insisto con mis clientes es que el invitado nunca debe percibir el esfuerzo que hay detrás. Si lo percibe, algo salió mal. El objetivo es que todo se sienta fluido, pensado, natural aunque detrás haya semanas de trabajo y un equipo coordinando cada pieza.


El detalle no es perfeccionismo: es comunicación


Me han preguntado más de una vez si todo este nivel de detalle es necesario, especialmente en presupuestos ajustados o en empresas que están empezando. Mi respuesta siempre es la misma: el detalle no es un lujo, es una decisión de comunicación.


Cuando una PYME hace su primer evento de lanzamiento y la invitación está mal diseñada, cuando el registro es caótico, cuando los voceros no tienen claro qué mensaje dar, eso no solo afecta ese evento: afecta la percepción de la marca. Y en el entorno actual, donde la reputación se construye y se destruye con mucha rapidez, cada punto de contacto con tu audiencia cuenta.


Lo opuesto también es cierto. Un evento bien ejecutado, donde el invitado se siente atendido, donde el mensaje es claro y la experiencia es memorable, tiene un retorno en reputación que va mucho más allá del día del evento. Se convierte en historia que se cuenta, en contenido que se comparte, en confianza que se deposita.


Si estás considerando un evento como parte de tu estrategia de comunicación sea para lanzar un producto, posicionar a un directivo, activar una alianza o simplemente ganar visibilidad en tu industria te dejo tres preguntas para empezar con el pie derecho:


•       ¿Cuál es el objetivo de comunicación de este evento? (No el objetivo logístico, el comunicacional.)

•       ¿Quién es mi invitado ideal y qué quiero que piense, sienta o haga después de asistir?

•       ¿Tengo el equipo y el tiempo necesarios para ejecutar con el nivel de detalle que este evento merece?

Si las tres respuestas son sólidas, estás listo o lista. Si no, ese es exactamente el punto donde vale la pena acompañarse de un equipo de comunicación especializado.


Sonia Villalta de Belloso  ·  Directora de Más Comunicación El Salvador


Estratega en comunicación corporativa con más de 20 años de experiencia. Especialista en relaciones públicas, marca personal, eventos corporativos y comunicación para PYMEs.


IG: @soniavillaltab

 
 
 

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